Vivimos tiempos que nos exhortan a soltar creencias y seguridades que hasta hace poco creíamos inmutables.
Adentrarse en el no saber resulta una paradoja porque nada tiene que ver con adquirir un nuevo conocimiento filosófico o intelectual, sino en asumir con honestidad lo que nos enseñan a negar:
No sabemos.
Esencialmente, no sabemos qué es la vida ni si finaliza con la muerte. Por no saber, no sabemos ni cuál es la fuente de nuestra naturaleza ni el porqué de nuestra existencia.





