La única labor es aceptar la expiación para ti mismo, porque al hacer esto, se desmorona todo el tejido que constituye la perspectiva existencial de tu vida y de tu propia identidad.
Al desaparecer la identidad de quien creemos ser -una persona que está aislada en la privacidad de su mente, con sus pensamientos, sus sentimientos y percepciones, y acorazado en la vulnerabilidad de su cuerpo- se expande la experiencia espontánea y constantemente variable de la existencia en lo que es, como lo que es, sin un ser independiente con libre albedrío, criterio personal y responsabilidad de sus actos. Esa muerte en vida es en realidad la muerte del paradigma subjetivo en el que vivimos el 99,999999% de la humanidad.
