El VIAJE DE RIDDHI

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«De la naturaleza he aprendido a pensar en otras escalas temporales. ¿Qué son dos o tres años de nuestra vida en comparación con la vida de un oso (treinta años) o un río de diez mil años? La edad de los árboles se percibe de otra manera cuando se está rodeado de ellos. La paciencia de los árboles me conmueve siempre que contemplo un viejo roble. Saber que semejante árbol crece durante trescientos años, vive trescientos años y muere durante trescientos años ha cambiado mi manera de pensar. El mundo vive y piensa en otras escalas temporales y no se preocupa por mí en absoluto. Eso es enormemente liberador…. (más…)

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Compartimos esta nueva aportación de César de Morey. En esta ocasión aborda un tema especialmente delicado, al estar cargado de tantos prejuicios religiosos, planteamientos fantasiosos y dogmatismos científicos inflexibles.

Aborda el importante papel de las adicciones; desde las químicas, pasando por las emocionales y la más sutil de todas: la adicción a pensar,  a recrear un mundo paralelo en nuestra mente, un «yo» que actúa imaginariamente como quisiera interactuar en el mundo físico; un «yo» que constantemente evalúa y clasifica a todos y  a todo lo que llega a su consciencia de vida.

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Excelente versión por actores profesionales  de «El Caballero de la armadura oxidada», de Robert Fisher. Una obra que aborda con humor y con la sencillez expresiva de un cuento el drama que vivimos en mayor o menor grado todos los humanos: la cerrazón de nuestro corazón, por miedo a los otros, a la vida o a nuestro propio misterio. Y su remedio, para romper en diez mil pedazos nuestra coraza: … (leálo para saber la respuesta, que supongo ya intuye, o escuche esta conseguida recreación del Caballero en busca de su Plenitud, aparentemente perdida).

   
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No sabemos si Adolfito tiene realmente tanto miedo a la señora invisible que de cuando en cuando habla dentro del coche, o bien está jugando con la plena entrega con que sólo los niños saben jugar… En todo caso, es un bonito reflejo de nuestra inocencia esencial, especialmente tras caer -como caemos todos en este mundo encarnado- en el juego ilusorio de las apariencias de los sentidos, que nos «muestran» aparentemente la «realidad». Así como el juego -a veces triste y despiadado- de los prejuicios y creencias sobre lo que es la vida, el universo, sobre lo que nos une o nos separa o, simplemente, sobre qué o quiénes somos cada uno de nosotros.

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