La experiencia de existir sin miedo
La Felicidad está Aquí
Recientemente hemos descubierto el trabajo de Francisco Javier Olea, «diseñador gráfico por profesión e ilustrador y pintor por vocación». Según sus palabras, «Hay algo que amo y algo que odio: Amo dibujar; lo hago desde que tengo conciencia. Y odio hablar de mí, así es que hasta aquí no más llego. Saludos, vuelvan cuando quieran y pasen por mi web www.franciscojavierolea.com».
Pues lo dicho: quien guste descubrir su trabajo, puede pinchar ese enlace o la imagen de entrada para acceder a su página oficial. En cuanto a esta obra que sirve de introducción a su trabajo, podemos extraer distintas interpretaciones. En nuestro caso, apreciamos el mimo con que el personaje cuida a ese corazón latente hasta el más mínimo detalle que permite la lupa de su atención. En una secuencia imaginaria, quién sabe si volcándonos en el amor al Amor (simbolizado en ese corazón que el personaje trata de reparar) no resultaría que al final el reparador desapareciera en ese Amor que también Es; y finalmente, pleno en ese Amor, todo en su vida -lo externo e interno, los otros y yo, mi persona y el mundo-, acabaran deviniendo en lo que quizás siempre hemos sido, cual Uno, Aquí, Ahora mismo: la máxima paradoja del Amor, pleno y vacío.
En cualquier caso, al margen de nuestras interpretaciones imaginarias, algo es evidente: si nos ocupamos de nuestro corazón, -del físico y especialmente del sentir puro de nuestra plenitud interior-, no habremos empleado mal nuestro tiempo. Quien sabe incluso si la Vida, agradecida y juguetona, nos hará un guiño de complicidad antes de brindarnos la dicha eterna de la felicidad, disfrazada bajo la forma sencilla y ordinaria de los pequeños actos de nuestros días.
Feliz día del Amor, momento a momento a momento, en la eternidad : )
El chaman y el sanador, por Claudio Naranjo
«Los chamanes y sanadores son personas heridas que aprenden a curarse a sí mismas; y al aprender a recuperar su salud adquieren la capacidad de curar a otros. Es un proceso espontáneo y natural.
La vocación de ser chamán es muy parecida a la vocación de enfermarse, pues tiene que ver con la vocación del descontento, de no conformarse con lo que otros se conforman.
Un chamán es alguien que siente demasiado sus heridas.
Todos nacemos heridos, por el impacto de nacer al mundo.
La mayor parte de la gente se adapta, pero el chamán es el extremo contrario: tiene demasiado contacto con su experiencia.
Y ese descontento lo lleva a que no le queda otra opción que arreglarse el alma, encontrando en ese camino cosas que otros no encuentran.»
Claudio Naranjo.
SoloFlora
¡Gracias a WordPress.com!
Queremos agradecer a WordPress.com habernos permitido recuperar este blog, así como nuestro blog asociado, «El placer del instante». Por lazos del destino perdimos la dirección de correo electrónico con la que este espacio fue creado, y tras varios intentos infructuosos durante el pasado año, optamos por contactar directamente con WordPress.com.
Como afirman, su política de protección de los blogs que confían en su página es extremadamente exigente; un posicionamiento que cada vez se hace más necesario, ante la posibilidad de hackear o suplantar identidades y apropiarse de blogs ajenos. Sin embargo, su firmeza en proteger a sus clientes no va pareja con un trato «duro» o distante. Muy al contrario, su disposición y amabilidad ha sido a lo largo de nuestro cruce de correos en estas semanas, excelente. Finalmente, tras varias aportaciones personales para verificarles mi identidad como autor de este blog, hemos podido acceder a su contenido y tomar el timón en un periodo que parece augurar la presencia de nuevos contenidos.
WordPress.com ha hecho posible que este espacio cobre de nuevo vida. Un «like» agradecido por su eficacia, disposición y trato.
«Samadhi», la película
#Queremos Paz y Libertad
La enseñanza de Florence Jenkins
Infinito
«Un total de cuarenta y ocho fotos del Sol, superpuestas. Hechas durante un año, una vez por semana, en el mismo sitio y hora. El punto más alto es el solstício de verano y el más bajo el de invierno. Formando así la Lemniscata: símbolo del infinito».









