La felicidad es inherente a nuestra condición humana. Buena prueba de ello es la felicidad que desprenden los niños pequeños, especialmente cuando aún no saben palabras.
“Todos somos iguales en lo más esencial”, que es nuestra naturaleza humana, lo que nos distingue como especie.Vamos sí o sí hacia la consolidación de la conciencia planetaria; Internet es el primer gran logro de esta realidad. Toca ahora la ruptura con antiguos esquemas limitadores y excluyentes que seguirán resistiéndose en el tiempo, y la apertura a otras realidades que trasciendan la experiencia y el significado de la vida y de la muerte.
«Hereje* no es el que arde en la hoguera. Hereje es el que la enciende»
William Shakespeare
*Hereje: Persona que disiente o se aparta de la línea oficial de opinión seguida por una institución, una organización, una academia, una sociedad, etc.
La conferencia «El Juego de la Paz Mundial» de John Hunter ofrece una perspectiva innovadora sobre la resolución de conflictos a través de la educación.
Hunter presenta su «juego de la paz mundial», una simulación interactiva en la que los estudiantes asumen roles de líderes mundiales y trabajan juntos para resolver crisis internacionales.
Este enfoque práctico y participativo permite a los estudiantes comprender la complejidad de los conflictos globales y la importancia del diálogo y la cooperación en la búsqueda de soluciones pacíficas. Hunter destaca cómo este juego fomenta habilidades de pensamiento crítico, empatía y trabajo en equipo, preparando a las generaciones futuras para enfrentar los desafíos del mundo real con una mentalidad pacífica y colaborativa.
Además, la conferencia destaca el impacto positivo del juego en las aulas de todo el mundo, demostrando su capacidad para inspirar cambios significativos en la actitud de los estudiantes hacia la paz y la resolución de conflictos.
Hunter comparte ejemplos conmovedores de cómo este enfoque ha transformado la vida de los jóvenes, alentándolos a convertirse en agentes activos de cambio en sus comunidades.
Al promover valores fundamentales como la comprensión mutua, el respeto y la tolerancia, el juego de la paz mundial se presenta como una herramienta poderosa para construir un futuro más pacífico y armonioso para la humanidad.
Aunque la Realidad es Una, la realidad que interpretamos como tal depende de la perspectiva en la que la percibamos.
A veces sucede como en este ejemplo fotográfico. Los medios de comunicación son expertos en manipular la percepción de una realidad, y saben que una buena acción atrapa menos nuestra atención que una imagen impactante, aunque –volviendo con este ejemplo- sepan también que forma parte de un todo cuyo significado es radicalmente contrario al que tratan de dar a entender.
También hay otros “enfoques” que nos impiden percibir la realidad íntegra, total, en todas sus variantes; enfoques que toman forma de prejuicios. Son enfoques más sutiles pero generalmente más drásticos en sus efectos. Prejuicios culturales, religiosos, morales: filtros que nos impiden desde el mismo instante en que fijamos nuestra atención ver con la pureza y libertad con que pudiéramos contemplar la realidad que nos rodea… y la que somos.
Filtros a veces provocados por nuestras experiencias traumáticas vivenciales pero ante todo por la domesticación a la que se nos somete para integrarnos en el paquete de creencias y prejuicios ideológicos, sociológicos, políticos y religiosos que conforman la sociedad en la que nos ha tocado vivir: la domesticación que se brinda como «educación».
Por eso un gran paso en nuestro descaminar de tanto condicionamiento, de tanta creencia falsa deliberadamente incrustada, de tanta inseguridad revestida de coraza, de tanta ignorancia y de tanto miedo, es aprender a observar cómo se desarrolla fuera y dentro de nosotros el proceso de los mecanismos de nuestras creencias y prejuicios: observar, en suma, que como aquel filósofo dijo “no sabemos como humanidad ni como individuos nada”.
Conseguir reposar sin bloqueos en la vulnerabilidad y el miedo que genera ignorar el sentido de vivir -de esta realidad que nos rodea, de nuestra identidad, de nuestra propia existencia-, es una vía excelente para recuperar –des/velar- la consciencia natural, innata y pura que nos sitúe íntegramente en la vivencia plena del presente: el único instante Real. La consciencia pura con la que nacemos. Sin juicios, sin palabras: sólo el goce, la vivencia plena, la desidentificación con la muerte y un yo… y algún que otro babeo.