Cuando el silencio llega,
el tiempo y el espacio se desvanecen
en su ilusoria quimera.
Y se rompen los reflejos de las formas.
Y con ellas, sus límites y barreras.
Cuando el silencio llega,
cuando el vacío te llena,
la Realidad hace acto de presencia,
renacida, en un instante eterno,
infinita, sin fronteras.
Y sonríes,
con la inocencia de un niño;
libre de temor en su pureza.






