El VIAJE DE RIDDHI

Carta abierta ante la decisión de Noelia

Ilustración alegórica de una mujer contemplando un camino de luz hacia el horizonte, con símbolos de paz y reflexión

No conozco a Noelia.
No sé exactamente qué siente, ni hasta dónde llega su dolor.

Y, aun así, hay algo en su historia que nos toca.

Porque, más allá del ruido, de las opiniones y de los juicios,
queda una pregunta en silencio:

¿qué significa realmente vivir?
¿y qué significa decidir dejar de hacerlo?

Vivimos en una sociedad que intenta sostener la vida a toda costa,
pero que, muchas veces, no sabe acompañar el sufrimiento.

Queremos respuestas claras.
Posiciones firmes.
Estar a favor o en contra.

Pero hay situaciones que no encajan ahí.

Y esta es una de ellas.
Quizá la más extrema: decidir renunciar a la propia vida.

No sé si alguien puede comprender de verdad el límite de otro ser humano.
No sé si se puede medir el dolor desde fuera… ni su intensidad, ni su desgarro.

Y, sinceramente, tampoco sé si tenemos derecho a decidir por alguien
cuando no estamos en su piel.

Menos aún cuando evaluamos algo que, por naturaleza, no podemos sentir del todo.

Lo único que sí percibo es esto:

que detrás de una decisión así
hay una historia que no vemos.
Una carga.
Una vivencia que queda fuera.

Dicen que los primeros años nos marcan.
Puede ser.

Pero ni siquiera eso es una regla.

Hay quien atraviesa infancias muy duras y logra reconstruirse.
Y hay quien, aun teniendo todo, siente un vacío que no sabe sostener.

Por eso, quizá, antes de opinar —antes incluso de posicionarnos—
lo más honesto sería detenerse un momento.

Escuchar.
Sentir.

Y aceptar algo sencillo, pero incómodo:

que no lo sabemos todo.

En realidad, no sabemos lo que Noelia siente.
Ni cómo interpreta su vida.
Ni qué significa, para ella, este momento.

Noelia ha dicho que no quiere ser ejemplo de nadie.
Y quizá ahí haya algo importante.

Porque no se trata de convertir su decisión en bandera,
ni en argumento, ni en causa.

Ni de caer —una vez más— en esa tendencia a ideologizarlo todo,
como si lo humano pudiera reducirse a eso.

Se trata, quizá, de mirar de frente lo que incomoda:

la vulnerabilidad,
el dolor,
y la libertad de cada uno frente a su propia vida.

No tengo respuestas.
O, al menos, no respuestas claras.

Solo una sensación:

hay temas ante los que conviene bajar la voz.

Y este es uno de ellos.

Solo Dios sabe el porqué de cada vida.
De cada historia.
De cada decisión.

Yo, como ser humano, solo puedo desear que exista otra posibilidad.
Que, en algún lugar, aún quede un espacio para la vida.

Para el alivio.
Para algo distinto.

Pero también comprendo —en lo incomprensible—
que cuando una decisión se ha ido formando durante tanto tiempo,
entre vivencias, procesos y personas,
puede volverse firme.

Difícil de mover.

Si es así,
solo queda el respeto.

Y un deseo sincero:

que encuentres la paz.
Que el sufrimiento cese.
Que, de algún modo, tu experiencia trascienda.

El amor es amor.
Y el amor no juzga.


Posdata

Noelia,

si en algún momento lo sintieras,
quizá podría tener sentido leer la experiencia de Tânia.

Tal vez, en ella, algo resuene en ti.

«Cuando Me Vaya»

Categorías: SER
Recibe al instante cada nueva entrada con reflexiones de valor
Libros Descubre mis libros en Amazon: → Ver mis libros
YouTube Visita mi canal de YouTube: → Canal El Viaje de Riddhi
Facebook Sígueme en Facebook: → Página El Viaje de Riddhi

Tu email no será publicado. Los campos obligatorios están marcados con *

*