Según qué ambiente, la palabra “ego” suele utilizarse casi como un insulto. Se habla de él como si fuera el enemigo interior que hay que destruir, silenciar o trascender. Pero quizá el problema no sea el ego en sí, sino nuestra manera de considerarlo.
El ego (la idea que tenemos de nosotros mismos) busca amor, reconocimiento, seguridad y validación porque ignora algo esencial: ya lleva dentro aquello que persigue fuera. No lo sabe porque no lo recuerda. Por eso se aferra, se defiende, se compara o intenta controlar. Es la tragicomedia de nuestra existencia, a la que tanto nos animan las distintas sociedades. … (más…)







