Comunicamos lo que nos conviene, callamos lo que nos incomoda y construimos versiones de la realidad para encajar con los parámetros reinantes. Nos hemos convertido en avatares de carne y hueso, como aquellos que tratamos de idealizar en forma y fondo en las redes.
Pero en algún momento, tarde o temprano, aquello que escondemos reclama ser visto en nuestras vidas.
La verdad no siempre llega envuelta en palabras suaves con olor a sándalo. A veces desarma por completo nuestros planes y nos obliga a mirarnos de frente. Suele ser doloroso. Sin embargo, es el único camino que nos lleva hacia la paz interior, a relaciones auténticas y a decisiones alineadas con lo que realmente somos.
Ser honestos con nosotros mismos no significa ser duros. Implica tener el valor de hablarnos desde el respeto, de escucharnos sin huir y de aceptar lo que somos ahora mismo, sin paños calientes ni medias verdades, para poder transformarnos. La verdad no busca herir, y si lo hace, es consecuencia de recorrer el camino que busca sanarnos.
Hoy elijo la verdad, incluso cuando me resulte incómoda. Prefiero una vida real, imperfecta y consciente, que una vida perfecta de muchos likes e interacciones, pero vacía.
“Que la verdad te encuentre,
y te haga libre.” ♡
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