Hace unas horas, la Organización Mundial de la Salud ha declarado que el brote de corona virus ya puede considerarse a todos los efectos como una pandemia global. El primer guiño a la serenidad es asumir estos dos conceptos: “Organización Mundial de la Salud” y “pandemia”. La OMS se ha visto salpicada por distintos escándalos en los que se ha impuesto el valor económico o político a lo que debiera ser el fundamento que declara su enunciado. Su vinculación con la poderosa industria farmacéutica es más que evidente. Una industria, la farmacéutica, que dedica el 90% de su presupuesto a la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos para enfermedades que afectan sólo a un diez por ciento de la población mundial, y que engloba el llamado primer mundo. La OMS como institución no se diferencia de otras grandes instituciones internacionales nacidas tras la segunda guerra mundial y con predominio norteamericano en su gestión. En el caso mencionado del negocio de los fármacos, la industria americana del sector domina el mercado de los 50 medicamentos más vendidos en el mundo.



