El VIAJE DE RIDDHI

Despertar el Valor: el coraje de vivir según Alfred Adler

MOntaña iluminada por el sol del amanecer

Hay una palabra que parece sencilla pero encierra una de las llaves más poderosas del desarrollo humano: valor. No el valor entendido como audacia temeraria o heroísmo ocasional, sino en el sentido profundo que le dio el psicólogo vienés Alfred Adler, fundador de la psicología individual.

Para Adler, el valor (Mut, en alemán) es la disposición interior a participar plenamente en la vida, con todo lo que ello implica: riesgo, incertidumbre, error, y también cooperación, vínculo y crecimiento. Detrás de muchos de nuestros bloqueos, decía, no hay falta de capacidad, sino falta de valor. No nos atrevemos a actuar, a amar, a implicarnos, a mostrar lo que somos. Y entonces la vida se nos encoge, o mejor dicho quizás, nos encogemos ante la vida.


El verdadero significado del valor

Adler sostenía que toda persona se enfrenta a tres grandes tareas vitales en su existencia:

  • El trabajo, o la contribución al mundo.
  • El amor, o la relación íntima y auténtica con otro ser humano.
  • La comunidad, o el sentido de pertenencia a algo más amplio que el propio yo.

Cuando una de estas áreas se vive con miedo o evasión, el individuo se aísla. Surge la timidez, la ansiedad, la neurosis o el sentimiento de no estar “a la altura”. Por eso, el valor no es una cualidad heroica, sino la actitud cotidiana de quien se atreve a implicarse en la existencia, a colaborar, a equivocarse y a volver a intentarlo.

El valor adleriano no nace de la fuerza, sino de la confianza en que la vida merece ser vivida, aun con sus desafíos. Es un coraje humilde y humano.


🔎 Dónde falta valor

Una manera sencilla de iniciar este camino es observar dónde evitamos participar. ¿En qué área de tu vida sientes inhibición? ¿Dónde te retraes por temor al rechazo, al fracaso o al ridículo? Adler invitaba a mirar justo ahí. En esa zona donde uno se siente bloqueado está el punto en que el interés social —esa tendencia natural a cooperar con los demás— se ha congelado.

Por ejemplo, alguien que evita comprometerse emocionalmente no padece una falta de amor, sino una falta de valor para exponerse al amor. Quien no se atreve a iniciar un proyecto quizá no sufre de pereza, sino de temor a mostrarse imperfecto. El miedo se disfraza de prudencia, pero lo que realmente detiene es la falta de valor para actuar en conexión con los demás.


El miedo y el sentimiento de inferioridad

Adler veía en el ser humano un hecho universal: nacemos sintiéndonos inferiores. Somos pequeños, dependientes, frágiles. Esa sensación inicial se convierte en el motor del desarrollo, pues nos impulsa a crecer, a compensar, a cooperar. Pero cuando esa inferioridad se interpreta como defecto personal, nace la inseguridad, la comparación y el aislamiento.

El antídoto no es negar la debilidad, sino reencuadrarla como parte natural de la condición humana. Todos tenemos limitaciones; reconocerlas nos humaniza y nos conecta.
El valor, en ese sentido, es el puente entre la inferioridad y la cooperación:

“No soy menos; simplemente formo parte de un todo donde puedo aportar algo.”

Cada vez que la mente susurra “no puedo”, “no sirvo”, “no estoy preparado”, podemos responder con una actitud adleriana: “Haré mi parte, y aprenderé en el camino.”


Ejercitar el valor con actos pequeños

El valor no se medita, se entrena. Adler insistía en que la acción precede a la seguridad, no al revés. Esperar a sentirnos listos es una trampa. Lo que fortalece el valor es la práctica deliberada de participar, aun con miedo.

Algunas formas simples de entrenarlo:

  • Haz cada día una cosa que normalmente evitarías.
  • Pide ayuda en algo, aunque puedas hacerlo solo.
  • Ofrece colaboración sin buscar reconocimiento.
  • Di en voz alta una opinión que sueles callar.

Estos gestos mínimos tienen un efecto profundo: amplían el campo del yo, fortalecen la confianza y nos devuelven al mundo. Cada acto de participación genuina ensancha el sentido de pertenencia y reduce el miedo que surge del aislamiento.


Transformar la autoconversación

El lenguaje interno moldea el valor. Cuando el diálogo interior está dominado por la exigencia o la autoevaluación constante, el miedo crece. Adler proponía reemplazar la lógica del “deber” por la del cooperar.

Algunos ejemplos:

Pensamiento limitante Reencuadre adleriano
“Debo hacerlo perfecto.” “Haré lo mejor que pueda, y eso es suficiente.”
“No puedo fallar.” “El error me conecta con los demás; todos fallamos.”
“Tengo que demostrar mi valía.” “Mi valor se expresa en mi disposición a contribuir.”

Esta transición del yo aislado al yo colaborador es la raíz del verdadero coraje.
El valor no es individualista: nace del deseo de cooperar.


El sentido de comunidad (Gemeinschaftsgefühl)

En la base de toda la psicología de Adler está un concepto luminoso y profundo: el Gemeinschaftsgefühl, o sentimiento de comunidad. No se trata de pertenecer a un grupo social, sino de experimentar que uno forma parte del tejido de la vida. El que siente eso, pierde el miedo al error, porque entiende que su valor no depende del éxito personal, sino de la intención de contribuir.

“El coraje nace del interés social.” — Alfred Adler

Cuando el foco se amplía —cuando la vida deja de girar en torno a uno mismo— el miedo se disuelve. La pregunta ya no es “¿qué me pasará si fallo?”, sino “¿qué puedo aportar aunque falle?”. Ese cambio de perspectiva despierta una energía nueva, una confianza serena que no necesita garantías.


El valor como antídoto del ego temeroso

El ego busca seguridad, control, reconocimiento. El valor, en cambio, acepta la inseguridad como parte de la aventura de estar vivo. No es imprudencia, sino confianza en que la existencia es un proceso de aprendizaje. Mientras el ego pregunta “¿y si no sale bien?”, el valor responde “veremos, y aprenderemos”. El valor adleriano no niega el miedo; lo abraza y lo atraviesa. Es una disposición a actuar movido por algo más grande que el temor: el deseo de servir, de compartir, de crecer.

Por eso, en términos adlerianos, todas las fallas humanas derivan de la falta de valor.
No porque debamos ser valientes, sino porque sin valor nos desconectamos del flujo natural de la vida. Nos encerramos en la idea de insuficiencia y dejamos de participar. El valor nos devuelve al movimiento, y con él, a la alegría.


En resumen

Activar el valor no consiste en eliminar el miedo, sino en salir del yo temeroso y cooperar con la vida. El valor adleriano es humildad en acción, disposición a participar, a equivocarse, a ofrecer algo aunque no sea perfecto. Es la confianza serena de quien sabe que el sentido no está en destacar, sino en contribuir.

“El valor no consiste en no temer, sino en actuar pese al temor, por algo que importa más que uno mismo.”

Quizás ahí reside la verdadera madurez espiritual:
en atreverse a ser parte del mundo, no desde el orgullo ni desde la defensa, sino desde la cooperación amorosa. Ese es el valor que libera, el que sana y el que, en palabras de Adler, hace posible la vida en común.


Artículos relacionados

Recibe al instante cada nueva entrada y material gratuito de valor

Libros Descubre mis libros en Amazon:
→ Ver mis libros aquí
YouTube Visita mi canal de YouTube:
→ Canal El Viaje de Riddhi
Facebook Sígueme en Facebook:
→ Página El Viaje de Riddhi
Instagram Sígueme en Instagram:
→ @el_viaje_de_riddhi
X (Twitter) Sígueme en X:
→ @ViajeDeRiddhi
LinkedIn Conecta conmigo en LinkedIn:
→ Perfil de Juan Armas

 

Categorías: SER

Tu email no será publicado. Los campos obligatorios están marcados con *

*