El VIAJE DE RIDDHI

Cuando ya no podamos creer en las fotos, los audios ni los vídeos

Realidad y manipulación digital: cuando fotos, audios y vídeos dejan de ser prueba de verdad

Imagina que dentro de pocos años alguien te enseña un vídeo tuyo diciendo algo que nunca dijiste.
La voz es la tuya. El rostro es el tuyo. Incluso los gestos. Y sin embargo, jamás ocurrió.

Durante décadas hemos dado por hecho algo muy simple: si algo estaba grabado por una cámara, tendía a ser real. Una fotografía, un audio o un vídeo solían cerrar cualquier discusión. La imagen registrada funcionaba como prueba.

Pero ese pacto silencioso con la realidad está empezando a romperse, abriendo una grieta de la que la gran mayoría aún ni siquiera es consciente.

La tecnología ya permite clonar voces, rostros y escenas con una precisión casi perfecta. En pocos años será posible fabricar cualquier imagen o grabación con tal nivel de realismo que distinguir lo verdadero de lo artificial resultará prácticamente imposible.

Entonces surgirá una gran paradoja: viviremos rodeados de imágenes, audios y vídeos… pero cada vez confiaremos menos en ellos. Dispondremos de un potencial tecnológico y de comunicación sin precedentes y, sin embargo, podríamos encontrarnos cada vez más aislados de la comunicación viva: aquella que se toca, se huele o se saborea.

Quizá en ese escenario la evidencia de realidad vuelva a apoyarse en lo que siempre fue indiscutible: lo tangible, lo que ocurre directamente ante nuestros sentidos.

Y no es descabellado pensar que, ante tanta confusión, muchas personas opten por algo todavía más radical —algo que hoy apenas podemos imaginar sin cierto estremecimiento—: refugiarse en realidades artificiales diseñadas a medida. Con alguna forma de interfaz o implante cerebral podríamos experimentar vidas ideales, mundos construidos para satisfacer nuestros deseos más profundos. Y si esto aún nos parece ciencia ficción, ya se habla abiertamente de tecnologías implantadas que podrían sustituir a los smartphones.

Una existencia intensa, perfecta, hecha a medida… pero ilusoria. El culmen de la tecnología y, al mismo tiempo, la constatación de una era de humanoides aislados en sus realidades programadas.

Mientras tanto, la realidad física —más imperfecta, más áspera, pero también más viva y verdadera— seguiría esperándonos fuera… o quizá dentro de nuestro propio ver y sentir.

Tal vez el futuro inmediato nos obligue a redescubrir algo muy antiguo: que ninguna imagen puede sustituir completamente a la presencia. Y que, cuando todo pueda fabricarse, lo verdaderamente real será aquello que aún podamos tocar.

Y quizá, si vamos todavía más allá, terminemos descubriendo la Realidad que siempre ha estado ahí: misteriosa, inabarcable, invisible a nuestros ojos, pero accesible desde el sentir profundo del corazón.

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Categorías: SER
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