«…Una enorme serpiente descendía a lo lejos por la suave pendiente de una duna rojiza. El instinto asesino brillaba en sus ojos. Se acercaba a Riddhi, quien ajeno al riesgo, permanecía observando su movimiento oscilante y los surcos que dejaba como huellas en la arena.
– Para ser humano, o eres imbécil o demasiado atrevido -le dijo la serpiente tras llegar a él-. Lo que sí es seguro es que tu joven carne me brindará una rápida digestión.
Sus amenazas no consiguieron amedrentarle. Sentía una irresistible fascinación por aquel animal.
– Eres hermosa.
La serpiente esperaba cualquier reacción menos recibir un piropo… Durante unos instantes se sintió desconcertada… Pero la situación no daba lugar a dudas: ella era una serpiente y en frente tenía una presa; un tanto extraña, pero presa al fin y al cabo». El viaje de Riddhi
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